Muchas parejas creen que al casarse obtendrán la felicidad como por arte de magia, pero ésta radica en el día a día.
Tras casi 10 años de matrimonio Paco y Vicky se dieron cuenta de que había un gran vacío que los separaba, ya no recordaban las cosas que los hacían reír al principio de su relación. El trabajo les absorbía la mayor parte del día.
Un día, Paco le pidió a Vicky el divorcio, pues a su parecer la felicidad no radicaba en un matrimonio y mucho menos en el suyo, quería recuperar su vida; mientras empacaba Francisco encontró una caja que jamás había visto.
Sintió que tenía abrirla pues era la última vez que podría abrir algo de aquella joven de la que hacía mucho tiempo se había enamorado, encontró un grueso paquete de cartas. Paco llamó a Vicky para pedirle una explicación. Son tuyas, respondió la mujer, las he acumulado estos años, porque jamás tuve el valor de dártelas, pues prestabas más atención a los detalles materiales que a lo que sentía por ti.
A solas, el hombre se sentó a leer cada una de las cartas, tristemente se dio cuenta de que en efecto, la felicidad no se encuentra en el matrimonio, si no en todas las cosas buenas y malas que vive una pareja, en sus disgustos y aprendizajes, pero también en el querer seguir enamorado de la persona a su lado.
Tal vez valdría la pena aplicar la teoría de que “el matrimonio se hace a diario”.






